Aquellos que disfrutamos con una copa de buen vino, sabemos que detrás de ese delicioso y embriagador néctar se esconde mucho trabajo, mucha dedicación, mucha preocupación y mucho esfuerzo…  Como sucede con cualquier cosa que valga la pena.

Por eso me parece tan adecuada la expresión ‘no hay vino sin prensar las uvas’, ya que podemos caer en la tentación de deleitarnos con el resultado y esperar que éste llegue de súbito, como por arte de magia.  Y, te lo aseguro, eso no suele suceder.  Si quieres algo, tendrás que arar la tierra, cultivarla, cuidar de las vides, recoger en el momento adecuado, pisar/prensar la uva y trabajártelo para conseguir el mejor de los vinos…  No es algo que se consiga de hoy para mañana, es un proceso que requiere su tiempo.  Y la sabiduría que conduce a la felicidad es la que te llevará a hacerlo disfrutando del camino, del esfuerzo, de pisar la uva…  Sin ponerte ‘de mala uva’  😉

Y, cuando logres tu sueño, no olvides celebrarlo…  Puede que incluso con una buena copa que te recuerde, como me lo hace a mí, que el buen vino es el fruto de pasión, cabeza, trabajo y tiempo…  Como cualquier otro éxito que de verdad lo sea.

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