Hoy empieza la semana y, como siempre, el lunes llega cargado de cosas por hacer.  Arrancamos ya acelerados, quemando rueda, saliendo disparados hacia no sabemos dónde…  Pero con mucha prisa por llegar.  Somos como los hámster en su rueda, corriendo como descosidos para no movernos de donde estamos.  Y así nos va -y se nos va- la vida.  Sería cómico, si no fuera porque resulta trágico.

En medio de toda esta aceleración que caracteriza los tiempos que corren (tomarse su tiempo para hacer las cosas con calma es considerado por muchos una forma de perder el tiempo) raramente nos paramos a contemplar los acontecimientos en todo su esplendor.  Pase lo que pase, lo interpretamos en función de nuestros planes y lo calificamos como ventajoso, problemático o inútil…  Y reaccionamos automáticamente a nuestra clasificación.

¿Y si por un momento imagináramos que este mundo no es una locura y que todo lo que nos sucede tiene un porqué, un mensaje o una enseñanza para nuestra existencia?  Te invito a que hagas la prueba y que, durante esta jornada, prestes atención a todo lo que sucede a tu alrededor y en tu interior, a los acontecimientos y a tus sensaciones, a las palabras, acciones y reacciones de todos aquellos que hoy se crucen en tu camino.  Míralo todo como si fuera una obra de arte, dejándote embelesar, escuchando, atendiendo, abriéndote a lo que se mueve más allá de la superficie.

Puede que esta forma consciente de mirar haga de este día una jornada muy especial, un día inolvidable…  Incluso es posible que transforme este lunes en el principio de una nueva vida…  De un mañana mejor, para ti y para los demás.

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