Hay quienes criticamos el postureo propio de las redes sociales y no nos damos cuenta de que nuestra propia existencia -la no virtual- también está repleta de postureo, de palabrería, de gestos y acciones realizados de cara a la galería para transmitir la imagen de quienes queremos que los demás piensen que somos.

Pero, ¿quiénes somos, en realidad?  Saberlo ya es un primer paso…  Que no es fácil.

Si estamos ‘actuando’, si no nos mostramos con naturalidad, si nos ponemos una máscara e interpretamos un papel que no es el nuestro…  ¿Es porque no nos gusta como somos o porque -aunque sí nos gusta como somos- nuestra forma de ser no se adecúa a nuestro entorno, al mundo en el que vivimos?

Si no nos gustamos a nosotros mismos, ya sabemos qué toca…  Intentar cambiar.

Y si estamos satisfechos con nuestra manera de ser y lo que no nos gusta es nuestro entorno… ¿No es más razonable cambiar de entorno o tratar de transformarlo en lugar de vivir en una esquizofrenia permanente?

No hay cuerpo que aguante vivir en constante represión, ni relación que soporte una mentira permanente.  Porque, por mucho que prediques y actúes, quienes te rodean siempre te están mirando…  Y ven lo que muestras, pero -antes o después- también descubren y perciben lo que pretendes ocultar.

No es sano sentirse a gusto en un mundo enfermo…  O sanas el mundo o enfermas tú.

Porque, o somos parte del problema o somos parte de la solución.

¿Quiénes queremos ser?  Pues atrevámonos a serlo, porque somos necesarios.

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