Tras dos meses muy activos en los que he compartido mis reflexiones a diario, vuelvo a mi retiro, a mi lectura silenciosa, a mi meditación íntima.

Lo lamento por quienes me seguís a diario pero estos periodos de soledad me hacen falta para gestar nuevas palabras, nuevos textos que compartir.

Cuando los post me suenan a sabido, es señal de que ha llegado el momento de un nuevo parón.  Y mis últimos escritos ya no me sorprenden, ya no brotan con la fuerza y autenticidad que deberían.  Así que hay que decir basta, temporalmente, y cambiar de ocupación retomando los proyectos de libro que tengo guardados en el cajón.

No deja de sorprenderme cómo la escritura de libros me oxigena respecto a la de post, y viceversa.

Sé que a Google no le gustan estos parones (y a muchos de mis lectores tampoco) pero prefiero perder posicionamiento por no escribir con asiduidad, que por ofreceros un contenido ‘enlatado’ o, directamente, basura.

Os deseo que sigáis meditando diariamente, ya sea a partir de los casi dos mil post publicados en mi blog, ya sea a partir de otros textos o -directamente- desde el silencio, el encuentro, la oración o el mantra…  No abandonéis una práctica que nos hace cada día más humanos… Y divinos.

Si Dios quiere, nos reencontraremos en un tiempo.  Con nuevas energías, con más fuerza, con una nueva voz.

Y mientras, irán llegando mis nuevos libros.  El próximo, para estas navidades…  Así que estad atentos porque, esta vez, se trata de un texto que llevo 20 años gestando…  Y que ya ha cambiado vidas.

Seguimos en contacto…  Por aquí.

Un fuerte abrazo a todos.

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