Llega, de nuevo, la Navidad.

Y hoy pienso especialmente en ti, que sé que sufres.

Quiero pensar que, una vez más, un nacimiento -o renacimiento- va a poner fin a la oscuridad que se cernía sobre nuestras vidas y va a iniciar un nuevo ciclo en el que crecerá la luz y el calor.

Es tiempo de detenerse en medio de la negrura y descubrir esa chispa divina que late en nuestro interior y que quiere ser dada a luz en nuestra vida.  No importan las circunstancias.  Es difícil que sean peores que las de ir a parir lejos de casa, durante un viaje, en un establo, sin medios materiales ni apoyos familiares.  Y, sin embargo, ahí cambia la historia y se inicia una nueva era, un nuevo calendario, una nueva Vida.  Hay esperanza.

Del mismo modo que el ciclo anual tiene periodos de más luz y de más oscuridad, veranos e inviernos, también nuestra vida tiene épocas de estar en la cresta de la ola y épocas de estar sumidos en el más profundo de los abismos.  Si estás ahí, hoy -en realidad mañana, Nochebuena- puede comenzar el cambio.  La noche más larga terminará, y la luz empezará a ganarle tiempo a las tinieblas.

Todo pasa.  Pero todo es necesario.  La floración y la pérdida.  Todo en su debido instante.  Hay heridas que nos crujen.  Lo sé.  Pero esas grietas son las que hacen posible que entre y salga una luz que éramos incapaces de percibir.

Todo es para bien, todo está bien, dicen los más altos místicos que han sufrido en sus propias carnes los zarpazos de una Vida a la que no siempre comprendemos.  Quiero pensar que tienen razón y que esta Navidad te traerá el regalo que ahora más necesitas: la Esperanza.

Ésa es la Buena Noticia que está por nacer: hay esperanza.  Esta historia, tu historia, tendrá un final feliz…  Acaba en resurrección…  Aunque haya que pasar -lo sabemos y tememos- por la pasión.

De todo corazón te deseo, a ti que sufres, una Navidad transformadora de verdad.  Sólo así podrá ser una feliz Navidad.

Un fuerte abrazo.

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