Piensa qué piensas…  ¡Pedazo de consejo!  Porque nuestra mente es la loca de la casa, una bestia poderosa y salvaje que se desboca a menudo y toma peligrosos caminos que no sabemos a dónde conducen, un mono impaciente que salta de rama en rama y parece incapaz de estarse quieta…  O de ser atrapada.  La mente es como es -curiosa, ágil, inconstante y tremendamente activa- pero puede ser mejor, y para serlo es preciso domarla, educarla para poner toda su fuerza y potencial al servicio de una vida más plena.

¿Cómo lograrlo?  En primer lugar, pensando sobre qué pensamos.  Esta simple práctica de conciencia y observación, no sólo nos sosegará sino que nos permitirá darnos cuenta de la terrible influencia que tienen los pensamientos y sus automatizaciones en nuestra vida.

Así mismo, esta sencilla forma de meditación nos ayudará a percibir la interrelación existente entre cuerpo, sentimiento y mente, y de como el pensar mal nos lleva a sentirnos mal…  Del mismo modo que el sentirnos mal nos lleva a pensar mal.  Sin armonía entre cuerpo, corazón y cabeza, no es posible vivir con paz y alegría, porque se crean disfunciones entre elementos de nuestra persona que nos rompen por dentro y, al hacerlo, nos causan dolor.

Si comenzamos a observar y trabajar sobre nuestros pensamientos, podremos experimentar que éstos tienen la capacidad de dignificar o degradar la realidad.  Que, ante un mismo acontecimiento o experiencia, un pensamiento positivo le da sentido y lo convierte en un eslabón de una cadena de conocimiento y crecimiento personal que estira de nosotros hacia lo más alto, mientras que un pensamiento negativo nos conduce a un estado de crítica o frustración que nos aparta de la felicidad y de la posibilidad de desarrollo de nuestras aptitudes y capacidades, arrastrándonos hacia un abismo oscuro del que no siempre es fácil salir.

Piensa qué piensas, observa y dirige tus pensamientos.  El simple hecho de intentarlo puede tener consecuencias ‘mágicas’ en tu día a día.  Seguro que seguiremos funcionando con el piloto automático la mayor parte de la jornada, pero puedo garantizarte que cada instante en el que seamos capaces de tomar conciencia y dirigir el flujo de nuestros pensamientos será un instante de libertad, de crecimiento personal y de construcción de una vida mejor, más feliz y plena.

Piénsalo y pruébalo…  Comprobarás -como lo hago yo- que ‘piensa en qué piensas’ es un pedazo de consejo.  😉

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