Me duele el dolor ajeno, y con especial intensidad el sufrimiento de las personas que amo.  Sufro especialmente en los velatorios, cuando uno se topa con corazones rotos por la separación, por la pérdida del ser querido, por la ausencia que acompaña a toda muerte.  No caben palabras, sólo el abrazo, la lágrima compartida y el recuerdo de quien ya no está.

Cuando uno no encuentra las palabras, la poesía ayuda a empalabrar el sentimiento.  Comparto hoy unos breves versos que hablan de la pérdida, de un sentimiento por el que todos hemos pasado, o pasaremos, nos guste o no.  Es de Antonio Machado, y dice así:

Señor, ya me arrancaste lo que yo más quería.
Oye otra vez, Dios mío, mi corazón clamar.
Tu voluntad se hizo, Señor, contra la mía.
Señor, ya estamos solos mi corazón y el mar.

Que ese mar nos de paz y sosiego, que el rumor de las olas enjuague nuestras lágrimas…  Saladas como el mar al que puede que nos conduzcan.

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