La de hoy va a ser una reflexión muy breve.  Sin embargo, te ruego que le dediques unos minutos porque tiene su enjundia, una fuerza que es capaz de empujar tu vida hacia adelante…  O de aplastarla y hundirla ahí donde ahora mismo estás.

¿De qué idea te hablo?  De que si quieres mantenerte joven debes preocuparte -y ocuparte- de que tu futuro te despierte mayor interés que tu pasado.  Porque ser joven no es sólo una cuestión de edad, es una disposición interior a aportar tu grano de arena a la historia, es mantener la confianza en que puedes -y debes- hacer algo que sabes que otros no harán, es tener fe en que todavía puedes hacer planes, y llevarlos a cabo.

En cambio, envejecer es lo opuesto: es fijar la mirada en el pasado, en lo que fuimos e hicimos, renunciando a seguir siendo y haciendo porque el cansancio, el miedo o la impotencia nos ha conquistado.

Sigamos haciendo planes para mantenernos jóvenes, proyectémonos hacia el futuro, demos sentido a nuestras jornadas, creamos en nuestras capacidades y confiemos en la Vida, que quiere usar las fuerzas que todavía nos quedan para hacer pequeñas cosas de valor infinito y, por qué no, también grandes cosas que no podemos ni imaginar.

Soñemos y pongámonos manos a la obra…  Y así, las canas y las arrugas, no serán señal de vejez sino de experiencia.  Luchemos por mantener la juventud, una juventud repleta de proyectos y esperanzas.

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