Nuestros mayores tesoros, los tuyos y los míos, se encuentran ocultos en nuestras profundidades.

Es por eso que las relaciones superficiales con los demás nos privan de lo mejor que tienen, de lo mejor que son…

Es por eso -también- que debemos trabajar para acercar nuestras joyas interiores a la superficie, facilitando que los demás puedan entrar en contacto con ellas…  Con lo mejor de nosotros mismos, con los dones que se nos han dado para ser compartidos.

Atrevámonos a descender a las profundidades propias y ajenas…  Es el camino más seguro hacia la cumbre.

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