¿Qué es la responsabilidad?

Hay quienes dicen que la responsabilidad es una virtud, pero muchos la hemos vivido -especialmente durante la adolescencia- como una carga.  En nombre de la responsabilidad se nos exigía hacer todo aquello que menos nos apetecía.  Una pesadez, vamos.  Tal vez por eso es un término que no siempre tiene buena prensa.

Pero, ¿realmente es la responsabilidad un coñazo? ¿O puede ser algo más estimulante?  Como siempre, la etimología nos da pistas sobre la naturaleza de los términos que empleamos -a menudo- de forma traicionera e inadecuada.  Responsabilidad procede de la voz latina respondere, por lo que supone ‘dar respuesta’.  Pero, ¿dar respuesta a qué?

Nuestra mejor respuesta a nuestra vida

Cada uno de nosotros vive en un lugar y época concretos, y lo hace a partir de quien es, de su particular configuración personal.  Ninguno de nosotros acapara todas las posibilidades de existencia sino que nuestro día a día es el fruto de la interacción entre nuestras posibilidades y el entorno en el que nos desenvolvemos.

Es por este motivo que la responsabilidad, tal y como la entiendo, es la virtud de ofrecer nuestra mejor respuesta a los retos que nuestra vida nos plantea.  Insisto, NUESTRA mejor respuesta a NUESTRA vida.  Ni más, ni menos.

Nuestra mejor respuesta…

Hablar de ‘nuestra mejor respuesta’ presupone un acto de inteligencia y libertad.  Para poder dar respuesta a algo o a alguien es preciso que captemos y comprendamos correctamente la pregunta, que reflexionemos en torno a ella, que busquemos en nuestro interior nuestra mejor respuesta y que nos decidamos a manifestarla de un modo adecuado.

Prestar atención y reflexionar

Es por este motivo que no entiendo la responsabilidad sin reflexión e interioridad.  No podremos ser responsables de nuestra vida si no meditamos en torno a ella, si no traspasamos su superficie y nos zambullimos en sus adentros.

Responder es más que decir algo, que hacer algo.  La respuesta debe ser adecuada a la pregunta, al reto.  La respuesta requiere tomarse un tiempo para pensar, para atender con atención a lo que se nos ha dicho y pasarlo por nuestra mente y corazón…  Interiorizándolo, haciéndolo nuestro para que la contestación que demos surja de lo más profundo de nuestro ser, para que sea realmente NUESTRA mejor respuesta, y no el fruto de los automatismos propios de nuestro temperamento o condicionamiento cultural.

No hay responsabilidad sin libertad

Para hablar de responsabilidad debe presumirse la libertad. No hay responsabilidad sin libertad.  No existe MI respuesta si no tengo opción de decir o hacer otra cosa.  O dicho en forma negativa: nadie puede hacerme responsable de un hecho que no he tenido opción de hacer de otro modo.  Así es en lo legal y en lo moral, cuando atendemos a la naturaleza de las cosas.

Eso implica un reto: el reto de ser libre para poder ser responsable, y el reto de permitir a los demás ser libres para poder exigirles que sean responsables.

Vuelvo a un ejemplo de adolescencia: no puede decirse que yo fuera responsable por estudiar ocho horas diarias antes de exámenes, si el motivo por el que estudiaba es que de lo contrario me llevaba un broncazo y me quedaba sin salir con mis amigos.  No, el estudiar no era -en ese caso- mi respuesta a los exámenes…  Era la respuesta de mis padres, no la mía.  Yo no era responsable, era obediente o era aplicado, pero no responsable.

Habría sido responsable si hubiera estudiado sin una imposición externa, porque pensaba que esos conocimientos me aportaban algo a nivel personal y me ofrecían la posibilidad de mejorar mi vida y la de quienes me rodean, en ese momento o en el futuro.  Eso habría sido responsabilidad, mi mejor respuesta…  Desde la libertad.

… A nuestra vida

Uno sólo puede ser responsable, sólo puede dar respuesta, a aquello que se encuentra dentro de su alcance, dentro de su entorno y de sus posibilidades.  Nuestro ámbito de actuación es el que es, por lo menos hoy.  No podemos sentirnos responsables de aquello sobre lo que no tenemos capacidad alguna de actuación.  No tiene sentido hacerlo, y nos causará un daño irreparable…  Tan irreparable como el querer arreglar algo que está fuera de nuestro alcance.

Eso no quita que analicemos con seriedad cuál es nuestro auténtico ámbito de influencia actual (que, probablemente, será más amplio de lo que pensamos) y que nos planteemos, también, qué posibilidades reales tenemos de ampliar nuestra capacidad de transformar el mundo que nos rodea.

El magis

Porque también es una muestra de responsabilidad, de dar nuestra mejor respuesta, el asumir que nuestra mejor respuesta de hoy no tiene por qué ser la definitiva.  Que si trabajamos con seriedad sobre nosotros mismos y sobre nuestro entorno, puede que mañana seamos capaces de dar una respuesta todavía mejor.

Me gusta cómo lo expresa la espiritualidad ignaciana con su idea de ‘magis’, de tender siempre a lo mejor, a no contentarse con la respuesta actual porque si permanecemos abiertos y disponibles es posible que mañana tengamos algo más y mejor que decir, o que hacer.

Así entiendo yo la responsabilidad y así he querido compartirlo contigo en un acto, claro está, de responsabilidad… Ésta ha sido mi mejor respuesta, al menos la de hoy…  Ya veremos cuál será la de mañana.  😉

 

 

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