Hay algunas preguntas que todos deberíamos hacernos si queremos disfrutar de una vida plena.  La primera y más evidente, la que se repite hasta la saciedad en todos los programas de desarrollo personal o espiritual es: ¿quién soy yo?

Pero hay una segunda pregunta, creo que tan importante como la primera, que menos gente se atreve a plantearse…  Y ésa es: ¿qué (o quién) te ata?  ¿Qué es aquello que te impide ir hacia tu destino, recorrer el camino entre quien eres y quien ya has descubierto que estás llamado a ser?

Todos transitamos por la vida con una mochila de experiencias, costumbres, hábitos y creencias.  Parte de este equipaje es imprescindible para poder hacer nuestro camino, pero gran parte de él es peso muerto que nos dificulta el avanzar…  Cuando no es directamente una cuerda que nos mantiene atados a nuestra vida actual.

Si intentamos avanzar sin descubrir y cortar esa cuerda, haremos un gran esfuerzo y nos agotaremos sin poder ir más allá de lo que la cuerda nos permite.  Tardaremos más o menos pero nos cansaremos y dejaremos de intentarlo, renunciando a nuestro destino.

¿No es más sensato detectar las cuerdas que nos atan y buscar el mejor modo de ir deshaciéndonos de ellas?  Puede que tardemos más en partir, pero no es éste un tiempo perdido sino un tiempo perfectamente invertido que nos rendirá grandes beneficios.  Sólo preparándonos bien para el viaje alcanzaremos nuestra meta porque, sin soltar amarras, uno no sale del puerto.

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