LopedeVega

Es triste pero la vida te malea, el instinto de supervivencia te lleva a aprender de las nefastas experiencias del pasado y te lleva a desconfiar ante ciertas circunstancias…  Aunque luego la vida pueda después demostrarte que estabas equivocado…  Pero el corazón ya se ha endurecido, ya se ha vuelto de piedra:

Corazones de piedra

Hoy he recuperado un poema de Lope de Vega que no leía desde mi adolescencia, desde esa época en la que todavía no desconfiaba de quien reclamaba mi amistad con demasiada insistencia.  Hoy me cuesta tener la mirada limpia y el alma abierta de entonces…  Pero el poema me sigue conmoviendo, como lo hizo en aquellos años, porque narra con acierto lo que era mi día a día…  Y lo que, en ocasiones, todavía es:

¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?

¿Qué interés te sigue, Jesús mío,

que a mi puerta, cubierto de rocío,

pasas las noches del invierno oscuras?

¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras,

pues no te abrí!  ¡Qué extraño desvarío,

si de mi ingratitud el hielo frío

secó las llagas de tus plantas puras!

¡Cuántas veces el ángel me decía:

«Alma, asómate ahora a la ventana,

verás con cuánto amor llamar porfía»!

¡Y cuántas, hermosura, soberana:

«Mañana le abriremos», respondía, 

para lo mismo responder mañana!

Y allí siguió, esperando, en la fría noche oscura.  Hasta que, con el amanecer, descubrí su rostro y abrí la cerradura.

Que pases un buen fin de semana, sin miedo a abrir puertas y ventanas para que nuevos aires y luces te acerquen un nuevo y radiante día.

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