Buenos días, de nuevo.

Llevaba meses sin escribir.  El coronavirus llegó en un momento de cambios en mi vida, y los arremolinó de tal modo que se llevó por delante mi capacidad de sentarme a escribir para compartir con vosotros esas reflexiones sobre lo que me ayuda a vivir más humanamente. 

Lo lamento por quienes estabais acostumbrados a recibir la meditación del día en vuestro correo electrónico, y lo lamento por mí…  Porque también yo me encuentro con lo mejor de mí mismo en lo que escribo.

Lo cierto es que esta pandemia me dejó sin palabras, no era capaz de decirte nada.  Han sido -y son, y serán- muchos los dramas que han acompañado a este virus que no vimos venir, y no me sentía capaz de decirle a nadie como afrontar su situación y circunstancias.  ¿Quién soy yo para hablar en momentos tan duros y dolorosos para muchos?

Nadie, no soy nadie…  Pero hoy me he dado cuenta de que el error está ahí, en haber llegado a pensar que soy yo el que voy a tratar de decirte algo que te ayude.  No era esa la intención cuando comencé con este blog, y no va a serlo ahora.

Aquí yo no soy más que el envoltorio del regalo, el que trata de ponerlo bonito para que tú lo abras con ilusión y encuentres dentro el obsequio que Alguien ha preparado para ti.  Todo lo demás es una trampa del ego en la que me he dejado atrapar.  Yo no doy consejos ni lecciones, me limito a compartir las intuiciones que me son regaladas de un modo comprensible y -a poder ser- estimulante para los demás.  Gratis me llegan, gratis las doy.  A mí me ayudan y las comparto por si también te pueden resultar útiles a ti…  Y dejar que el ego se entrometa lo estropea todo…  Así que trataré de mantenerlo a raya.

Aclarado esto, me gustaría saber cómo estás, cuál es tu situación ahora, qué has perdido y qué has ganado con el COVID-19, qué has aprendido de esta inesperada experiencia, qué te preocupa, qué te ocupa, de qué te gustaría que habláramos…  Ya que te he dejado un tiempo a solas -y también yo me he retirado- me gustaría que en nuestro reencuentro nos pusiéramos al día y entabláramos un diálogo que fuera de interés mutuo…  Y no sólo un monólogo en el que yo comparta mis experiencias y pensamientos…  Cuando puede que tu mente y tu corazón estén en otro lugar.

Anímate, déjame un comentario y dime cómo estás y de qué te gustaría que habláramos, sobre qué te gustaría que reflexionáramos juntos.  Dame la oportunidad de compensar de algún modo el tiempo en el que me he centrado en mí para, ahora, poder volcarme un poco en ti.

Un fuerte abrazo, y gracias por seguir aquí.

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