Sufrir un mal, una injusticia o una decepción por parte de otro es fácil que nos lleve a sentir ira y rabia, ansia de venganza, el impulso de pagarle con la misma moneda.

En esos momentos, hay dos ideas que me ayudan especialmente:

  1. Si un perro te muerde, ¿acaso vas a morder tú al perro para devolverte?  No, no nos rebajemos a nuestra ‘animalidad’ para responder a conductas que poco tienen de humanas.  Si alguien te ha traicionado o atacado, ¿debería sentirse orgulloso de lo que ha hecho, o más bien debería ser causa de vergüenza?  Si es así, ¿por qué vas a hacer también tú algo que te avergüence?
  2. Decía Gandhi que si en el mundo aplicáramos el ojo por ojo, andaríamos todos ciegos…  Y tenía razón, porque todos en alguna ocasión erramos y causamos daño, sea por ignorancia o pura maldad.  Así que todos ciegos o, como mínimo, tuertos.

Mejor seguir el consejo de San Francisco: ‘Pon amor donde no hay amor, y sacarás amor’

Misericordia, poner el corazón en la miseria ajena…  Ése es el único camino que conduce a un mundo mejor…  Aunque no sea un camino fácil.

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