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Cuando uno lee textos sagrados, debe hacerlo con especial cuidado y apertura…  Porque todo, cada detalle, nos habla.  Meditando hoy en torno a la Navidad con los evangelios en la mano, he querido quitar por un momento el foco del nacimiento en el pesebre para fijarme en un «actor secundario» de tan magno evento: la estrella de Navidad que señaló el camino a los Reyes Magos, esa estrella que indicó dónde estaba Jesús para quienes le buscaban.

Y me ha surgido una pregunta: aquellos que nos llamamos cristianos, ¿somos como esa estrella que, con nuestros pensamientos, palabras y acciones anunciamos al Dios hecho hombre?  Si alguien sigue nuestros pasos, nuestra vida, ¿será conducido a Cristo?  ¿Somos imagen, indicadores, de Aquél al que decimos seguir?

Demasiadas veces nuestros actos desmienten nuestros ideales, y esa incoherencia es semilla de increencia para quienes nos rodean.  Ojalá tomemos consciencia de que somos estrellas, personas únicas que iluminan con su luz y calor, y que más estrella somos cuanto más nos asemejamos y acercamos a Aquél que es perfecto Dios, pero también perfecto hombre.

De corazón te deseo que este año seas tú la principal estrella de Navidad para todos aquellos que buscan pero no saben dónde encontrar.

Felices fiestas.

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