Espiritualidad sin religión: un nuevo fenómeno

 

Si hay un fenómeno que define a nuestra época es la de la diferenciación -y a menudo disociación- entre espiritualidad y religión.  Ni todas las personas espirituales practican una religión, ni todas las personas religiosas despiertan su espiritualidad.  Puede que no sea un fenómeno nuevo (como veremos, creo que no lo es) pero ahora mismo se ha hecho visible y, por eso mismo, ha puesto en entredicho a las religiones tradicionales.

Es un hecho, no hay duda.  Pero hay hechos que uno debe aceptar como inevitables o deseables, y otros ante los que hay que plantarse.  ¿O acaso no es un hecho que existe la injusticia, la esclavitud y el maltrato?  Ahí radica la cuestión de fondo de las espiritualidades sin religión: ¿son algo deseable, una evolución de lo religioso, o son un paso atrás fruto de la crisis de las religiones?

 

Espirituales sin religión: ¿buscan una cómoda religión a la carta?

 

Desde las instituciones religiosas, a menudo se acusa a los espirituales sin religión de ser hijos de la New Age que persiguen una cómoda religión a la carta, cómoda, hedonista y nada exigente.  No me sirve la acusación ya que a quienes sólo buscan un narcótico para el alma no les considero espirituales sino consumistas o hedonistas de lo espiirtual.  El espiritual, en mi opinión, es el que accede a lo Invisible y su contacto le transforma, le cambia la vida y lo dota de una misión.  Me cuesta creer en experiencias espirituales que te dejen tal cual, como estabas…  El contacto con el Fuego calienta e ilumina, quema y purifica y -si no es así- no era el Fuego.

Es más, a los espirituales sin religión que conozco (me gusta la expresión que dio título a un buen libro de Laia Ahumada en Fragmenta) no les parecen mal las religiones, simplemente ellos no encajan en ellas…  Pero las entienden y respetan porque las ven y vivencian de un modo nuevo.

 

Una imagen para entender la diferencia entre espiritualidad y religión

 

Me gusta la imagen que compara la espiritualidad con el vino y la religión con la copa que lo recibe, contiene y nos permite beberlo disfrutando de su aroma y mejor paladar.  Es cierto que podríamos beber de la Fuente de la que el vino brota ayudándonos de nuestras propias manos, pero no es menos cierto que gran parte del vino se derramaría entre nuestros dedos y que no disfrutaríamos ni degustaríamos cada sorbo como sí lo haremos gracias a una copa de un buen cristal.

Esta claro que lo esencial es el vino, y que la copa sólo es un instrumento para poder disfrutar de él.  Y entiendo que ante los adoradores de la copa, que prestan más atención a su forma, transparencia y calidad, haya quienes se revelen, renieguen de ella y prefieran amorrarse a la fuente.  Pero esa decisión también implica sus riesgos, como por ejemplo el de no controlar la dosis, embriagarse con facilidad y perder el sentido.

 

¿Renunciar o recuperar las religiones?

 

¿Realmente vale la pena renunciar a las religiones -entendidas como tradiciones espirituales- cuando acumulan la Sabiduría -y, es cierto, también los errores- de miles de años?  En mi opinión, no.  Es preciso recuperarlas, rescatarlas de una visión y vivencia superficial que se ha quedado con lo formal sin recordar que lo visible debe ser camino a lo Invisible y que si la religión no nos religa con el Absoluto, con el Mundo y con nosotros mismos no es lo que debe ser sino una mera sombra de lo que debería.

Hay mucha ignorancia en torno a la religión y la espiritualidad, tanto dentro como fuera de las tradiciones espirituales institucionalizadas.  Y esa ignorancia las daña.  Pero su riqueza sigue ahí, como un tesoro escondido, como el tomo de Shakespeare que reposa en una abandonada biblioteca a la espera de que alguien lo descubra y despierte un fuego en su interior.

 

Mi conclusión

 

Obviamente, si me dan a escoger entre la copa y el vino, me quedo con el vino.  Pero la mejor elección es el vino en copa, porque su conjunción nos permite disfrutar de lo mejor de ambos…  Y nos permite plantearnos que un mismo vino puede servirse en distintas copas…  O incluso sin necesidad de ellas.

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