amor y ausencia

Termino la semana con un poema sobre el amor y la ausencia, sobre las heridas del corazón que jamás cicatrizan pese a la distancia, sobre el olvido que no llega, sobre el amor que siempre queda.

Así lo expresa, con maestría, Francisco de Medrano:

Quien te dice que ausencia causa olvido
mal supo amar, porque si amar supiera,
¿qué, la ausencia?: la muerte nunca hubiera
las mientes de su amor adormecido.

¿Podrá olvidar su llaga un corzo herido
del acertado hierro, cuando quiera
huir medroso, con veloz carrera,
las manos que la flecha han despedido?

Herida es el amor tan penetrante
que llega al alma; y tuya fue la flecha
de quien la mía dichosa fue herida.

No temas, pues, en verme así distante,
que la herida, Amarili, una vez hecha,
siempre, siempre y doquiera, será herida.

El amor nos hace y nos deshace, nos transforma y nos trastoca.  El amor -sea el que sea- nos llama desde el interior y desde el exterior…  Lo sentimos, lo buscamos, lo anhelamos…  Porque en él nos encontramos a nosotros mismos, y al otro, y al mundo, y a Dios.  El auténtico amor es un catalizador de vida y conocimiento…  Experiencia de ser y estar, total y completamente, enraizados en el aquí y el ahora.  El amor nos hace, porque fuimos creados por y para el amor.

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