La vida es una aventura.

Una aventura que implica enfrentarse a mil problemas.

A millones de problemas.

 

Algunos son pequeñas cosas.

Otros, auténticos problemones.

 

Algunos, podemos superarlos solos con un poco de inteligencia y voluntad.

En otros casos -en muchos- necesitamos de los demás.

 

Nos pasamos el día solucionando problemas.

Propios y ajenos.

Nuestros trabajos no son otra cosa que eso, soluciones a problemas ajenos que uno no puede -o no quiere- solucionar por sí mismo.

 

El lampista o el mecánico te reparan una avería.

El médico cuida de tu salud.

El óptico de tus problemas de visión.

El profesor, educa a nuestros hijos cuando nosotros no podemos hacerlo.

El escritor nos abre ventanas en nuestra mente y nuestra alma que no éramos capaces de abrir por nosotros mismos.

 

¿Qué problema quieres solucionar tú?

Porque de eso va la vocación.

 

¿Para qué problema ajeno eres tú la solución?

Y, ¿van a pagarte (lo suficiente) por hacerlo?

 

Tengo un libro en el que hablo de qué estudiar para ser feliz.

Y no sólo eso, también te doy un consejo importante para todo solucionador de problemas.

Un tip que marca la diferencia.

Dice así:

 

Independientemente de a qué te dediques, serás un solucionador de problemas.

Tú eliges si lo haces por dinero o por Amor.

El trabajo será el mismo, pero tu satisfacción no tendrá nada que ver.

 

Hazme caso, lo sé.

Lo he vivido.

 

No escribo por dinero, lo hago por Amor.

Y el dinero llega por añadidura.

 

Aquí el libro, por Amor y dinero: https://amzn.to/49drhWn

 

¡Que tengas un día fantabuloso!

Nos seguimos leyendo.

 

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