Me gusta dormir, disfruto de la sensación de acostarme cuando estoy cansado y tengo la suerte de que descanso como un lirón.  Y, sin embargo, duermo poco y madrugo mucho.

Mi rutina es acostarme sobre las 22.30 h y levantarme a las 4.30 h.  Así tengo un buen rato para meditar, orar, reflexionar y escribir.

Hoy en día ya estoy acostumbrado a este horario, pero no siempre ha sido así.  De hecho, me costó mucho ganarle horas al sueño.  Para lograrlo, seguí el consejo que leí en una entrevista a Mircea Eliade, que recomendaba poner el despertador cinco minutos antes de tu hora habitual, hasta que te acostumbraras.  Y una vez conseguido, que lo adelantaras cinco minutos más…  Y así, hasta que llegaras a la hora en la que deseas levantarte…  O hasta que veas que tu cuerpo te dice: ‘basta, no puedes quitarme ni un minuto más de sueño…  Porque lo necesito para que te encuentres bien’.   A mí me funcionó de maravilla.  Puedes probarlo y ya me dirás qué tal te va a ti.

Pero hay otro truco que a mí me funciona de maravilla y que, además, me sirve de termómetro sobre lo bien -o mal- enfocados que están mis proyectos: antes de acostarme, me propongo un objetivo ilusionante para cuando me levante, la zanahoria que evite que se me peguen las sábanas.  Tiene que ser algo que te ilusione, que te anime, que te llame a saltar de la cama.

No hace falta que sean grandes cosas.  Puede ser leer un rato ese libro que tantas ganas tienes de empezar y para el que nunca encuentras el momento; puede ser prepararte ese café con leche espumada que tanto te gusta pero que -con las prisas- nunca te haces entre semana; puede ser preparar ese desayuno que les encanta a tus hijos y que sabes que no se esperan; puede ser escribir ese libro que has ido bosquejando en tu mente; puede ser dibujar o pintar un rato para plasmar sobre un lienzo lo que llevas dentro; puede ser tocar o escuchar música; puede ser planear ese negocio que llevas tiempo soñando; puede ser salir a pasear un rato con tu pareja antes de iros a trabajar, o incluso puede ser abrir tu correo para leer estas meditaciones compartidas en mi blog 😉   Puede ser cualquier cosa, de verdad, pero cualquier cosa que te haga ilusión.

Porque, ¿acaso no recuerdas lo mucho que te costaba levantarte para ir al colegio cuando eras un niño, y la facilidad con la que saltabas de la cama el día que tenías una excursión a un lugar al que estabas deseando ir?  La idea de fondo es la misma y se basa en que el cansancio tiene un componente físico innegable, pero también tiene mucho de mental…  Y hay que trabajar ambos aspectos si queremos levantarnos de la cama absolutamente ‘enchufados’, cargados de la energía necesaria para empezar el día con la pasión y la fuerza necesarias para enfrentarnos a cualquier cosa.

¡Mereces despertarte así!  Si lo pruebas, ya no podrás renunciar a ese placer, a esa experiencia que engancha.

Y cuando agotes un proyecto, cuando ya no sea suficiente estímulo para levantarte de un salto de la cama, buscarás otro…  Porque ya sabrás lo que te pierdes si no lo haces.

¡Anímate!  ¡Pruébalo!  Y comparte tu experiencia…  Porque puede ser un regalo para los demás.

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