Si hay una imagen con poder transformador es la de sentir -esto es, experimentar- que en nuestro corazón se oculta una semilla y que vivir no es más que descubrirla, aprender sobre ella, cultivarla, hacerla crecer y compartir su fruto y su sombra con todos aquellos que nos rodean para mayor gloria de su auténtico dueño, que no somos nosotros sino Aquél que la sembró en nuestra alma cuando nos soñó.

Tenerlo bien presente nos ayudará a vivir centrados en lo esencial, y a actuar con la mirada puesta más allá de lo inmediato y del egoísmo, buscando lo que los budistas denominan la boddhichitta, el bien de todos los seres.  ¿Hay acaso mejor forma de vivir?

 

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