Ayer, ordenando papeles, me encontré con una libreta que contenía escritos de mi adolescencia.  Me entretuve releyéndolos, viajando en el tiempo y reencontrándome con mi pasado, con mis alegrías y mis penas, con mis esperanzas y decepciones.  Fue un buen viaje que me hizo recordar, sentir y pensar.

Retomo cuatro líneas de entonces, que han dado lugar al post de hoy, porque demasiadas veces nos escondemos tras máscaras, tras palabras y verborrea que oculta -y, muchas veces, nos oculta- lo que bulle en nuestro interior…  Cuando estamos deseando sacarlo, compartirlo, reconocerlo, integrarlo y superarlo.

En ocasiones me sorprendo
observando tu mirar,
y tus ojos a gritos me cuentan
cuanto tú querrías callar.

Atrevámonos a mirar a los ojos de quienes amamos para permitir que brote lo que llevan dentro, de corazón a corazón…  Sin miedos ni represiones que no tienen cabida en la amistad ni en el amor.

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