Amar es maravilloso, es pura magia que nos une y nos hace crecer.

Y, aunque San Agustín afirmó aquello de ‘ama y haz lo que quieras’, hay que interpretar bien la frase y entender que si amas bien todo lo que hagas estará bien…  Y no que el amar justifica hacer cualquier cosa.  Porque, es un hecho, a veces amamos bien y a veces amamos mal…  En nombre del amor Santa Teresa de Calcuta entregó su vida a los más pobres de entre los pobres pero, también en nombre del amor, un marido celoso recrimina a su esposa una educada sonrisa a un camarero.

No todo es amor, aunque se vista bajo el mismo ropaje.  El auténtico amor es el que trae unidad, paz, felicidad y crecimiento.

La unidad de la que aquí hablo no es la de la fusión sino la de la armonía.  Una armonía que exige sintonía, diferencias y espacio. ¿Conoces la frase que afirma que ‘de tanto que te quiero te apuñego’?  ¡Qué verdad más grande!  Qué fácil es dejarse llevar por una pendiente que lleva a la apropiación de la otra persona, a su conversión en el objeto de nuestro amor (resalto la idea de ‘objeto’ y de ‘nuestro’) en lugar de ser el lugar de encuentro de lo más profundo de nosotros mismos con lo más amable (más digno de ser amado, para nosotros) del mundo que nos rodea…  Conexión que nos permite desbordarnos hacia los demás y disfrutar también de todo lo que el mundo puede aportarnos para alimentarnos por dentro.

No conozco texto que lo exprese mejor que esta maravilla de Khalil Gibran en ‘El Profeta’:

Nacisteis juntos y juntos para siempre.
Estaréis juntos cuando las alas blancas de la muerte esparzan vuestros días.
Sí; estaréis juntos aun en la memoria silenciosa de Dios.
Pero dejad que haya espacios en vuestra cercanía.
Y dejad que los vientos del cielo dancen entre vosotros.
Amaos el uno al otro, pero no hagáis del amor una atadura.
Que sea, más bien, un mar movible entre las costas de vuestras almas.
Llenaos el uno al otro vuestras copas, pero no bebáis de una sola copa.
Daos el uno al otro de vuestro pan, pero no comáis del mismo trozo.
Cantad y bailad juntos y estad alegres, pero que cada uno de vosotros sea independiente.
Las cuerdas de un laúd están solas aunque tiemblen con la misma música.
Dad vuestro corazón, pero no para que vuestro compañero lo tenga.
Porque sólo la mano de la Vida puede contener los corazones.
Y estad juntos, pero no demasiado juntos.
Porque los pilares del templo están aparte.
Y, ni el roble crece bajo la sombra del ciprés ni el ciprés bajo la del roble.

¡Qué bella forma de recordarnos cómo amar!  Nada añado, para no estropearlo.

Disfruta del día…  ¡Y ama mucho!

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