Voy a contarte un cuento inquietante, que me explicaron hace poco tiempo…

 

***

Hace muchos, muchísimos años, un lejano país vio enfermar a su rey.

El monarca había sido un gobernante maravilloso, sabio y bueno, que supo rodearse de grandes personas…  Pero que nunca tuvo hijos.

Así que no había príncipe heredero.

De acuerdo con su Consejo de Ancianos, decidió buscar un sucesor entre sus súbditos, para así evitar enfrentamientos para hacerse con la corona cuando el rey falleciera como consecuencia de su grave enfermedad.

Convocaron -para el primer sábado de marzo al mediodía- a todos los hombres del reino que tuvieran entre veinte y setenta años.  Una vez estuvieron todos reunidos en el patio central del palacio, les explicaron cómo se elegiría al nuevo monarca:

– Os vamos a entregar a cada uno de vosotros una bolsa con tres semillas de una planta llamada ‘pensamiento’.  Cuando volváis a vuestra casa, plantadlas en una maceta y cuidadlas durante un año.  Pasado ese tiempo, volved a este mismo lugar y a esta misma hora…  Y aquél que traiga la planta más grande, sana y hermosa, será coronado como nuevo rey. 

Todos partieron ilusionados, y soñando con ser los nuevos monarcas del reino.

Un año más tarde, no todos regresaron.

Algunos, lo habían olvidado.

Otros, no cuidaron de sus semillas y estas murieron.

Otros, lo habían pensado mejor y no se veían capaces de asumir semejante responsabilidad.

 

Entre los hombres con maceta que había concentrados en el patio, cada uno llevaba una planta más grande y hermosa que el otro…  Iba a resultar muy difícil elegir.

Bueno, todos menos uno…  Juan Crisol acudió a la cita con una maceta en la que apenas había brotado un hierbajo.  No lo entendía…  Había cuidado de los pensamientos como le había enseñado a hacerlo su abuela: le puso un buen hummus, mantuvo la tierra húmeda pero sin exceso de agua, vigiló que no sufriera un exceso de frío ni de calor, le garantizó unas horas diarias de sol, le habló y le cantó cada día…  Y, sin embargo, el pensamiento no brotó.  

Estaba desolado y avergonzado…  Especialmente cuando observaba la mirada de altivo desprecio de quienes le rodeaban.

No entendía por qué sus semillas no habían brotado cuando las de los demás habían dado lugar a plantas tan espectaculares…

Decidió preguntarle al ganador cómo lo había hecho.

 

Llegada la hora, los miembros del Consejo de Ancianos se pasearon por el patio observando todas y cada una de las macetas.

Tomaban notas y preguntaban el nombre a su propietario.

Las miraron y analizaron todas, sin excepción.

También la de Juan.

Este bajó la mirada al suelo cuando el anciano contempló sorprendido su vergonzosa maceta tras preguntarle el nombre.

 

Los ancianos se reunieron de nuevo y hablaron durante unos minutos.

Pasaron a los aposentos reales y hablaron con el rey.

Al cabo de un rato, que se hizo interminable por la alta expectación, el monarca se asomó a su terraza y con una voz algo más débil de lo habitual, proclamó:

– Ya tengo a quien va a ser mi sucesor.  Su nombre es…  ¡Juan Crisol!  ¡Que suba aquí!

 

Juan se quedó de piedra.

Sin duda se habían confundido.

Subiría a ver al rey, pero para avisarle cuidadosamente de su equivocación.

 

Lo intentó, pero el rey le hizo callar.

– No hay error alguno-, le dijo.

Y, tomando su maceta, la mostró a los demás.

 

– Esta es la maceta ganadora.

 

Nadie entendía nada…  ¡Si sólo había unos hierbajos!

Alguien se quejó: 

 

– ¡Pero si mi planta es mucho mayor y más hermosa que la que hay en esa maceta medio seca que está mostrando su majestad!

 

– Así es-, respondió el rey.  Y por eso la de Juan es la ganadora…  Porque las semillas que os dimos a todos hace un año estaban secas.  Nada podía brotar de ellas…  Todos los demás habéis intentado engañarnos y ocultar lo que pensabais que era vuestro fracaso…  Y sólo Juan Crisol se ha atrevido a ser honesto con nosotros…  Necesitáis un rey honesto, que no os engañe y que sea capaz de convivir con sus logros y con sus fracasos…  ¡Y ese rey es Juan!

***

Aquí y así termina este inquietante cuento.

¿Que por qué digo que es inquietante?

Porque me inquieta pensar qué habría hecho yo, o qué habrías hecho tú.

 

¿Habríamos sido capaces de hacer como Juan Crisol o, como la inmensa mayoría, habríamos tratado de ocultar nuestro fracaso?

¿Acaso no lo hacemos a menudo?

¿Convivimos cómodamente con nuestras limitaciones, errores, fracasos e imperfecciones?

 

Si te cuesta hacerlo, tengo un libro que puede que te ayude.

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Lectura imprescindible.

Te lo digo yo que lo conozco bien.

Y que conozco mis imperfecciones.

Y que vivo tan feliz con ellas.

 

¡Que tengas un día fantabuloso!

Nos seguimos leyendo.

 

*Foto de Nik en Unsplash

 

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