Mis hijos ya están de vacaciones -yo no- pero su ‘liberación’ de las aulas también me supone a mí un cambio de ritmo vital, un nuevo modo de afrontar la jornada.

Cambio de estación, cambio de rutinas, cambio de circunstancias y de oportunidades.  Me gusta tenerlos en casa, comer con ellos, sentarnos juntos en el sofá…  Convivir más tiempo con ellos, con la confianza de conocerles cada día un poco mejor, aprender cada día un poco más de ellos, disfrutar de su compañía, de su alegría, de su juventud, de su vitalidad, de su esperanza, de su inocencia…  A ver si se me pega algo…  Y, de paso, compartir -también con ellos- lo que la vida nos va enseñando…  Que también les hace falta.

Adoro estos meses, merece la pena disfrutarlos…  Porque algún día, no muy lejano, ya no serán lo que son.

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