No es esto una llamada a la irracionalidad, a aparcar la cabeza para vivir con los pies.  No, es una simple de llamada de atención a todos aquellos que -como yo- tienen una tendencia a convertirlo todo en concepto, a los amantes de la abstracción, a quienes se pierden en teorías y sistemas, a quienes disfrutan de la belleza de lo eterno…  Aplastando, a menudo, lo irrepetible de lo concreto.

Decían en una comedia española que ‘el concepto es el concepto’, y cierto es.  Pero el concepto no es la cosa.  Y no vivimos conceptos, sino cosas y experiencias con lo concreto que pueden convertirse, para nosotros, en abstracciones que condicionen nuestras futuras vivencias.

El pensamiento puede ser algo maravilloso que nos permita dar sentido al vivir, o una enfermedad de la mente que nos impida entrar en contacto inmediato con la realidad.  Y vivir es sumergirse en la realidad. 

¿Acaso tiene algo que ver el concepto ‘aroma de la rosa’ que el percibir su fragancia?  ¿Puede compararse el concepto ‘copa de vino’ con degustar un buen rioja?  ¡Nadie se ha emborrachado meditando en torno al concepto ‘copa de vino’!

Hay que vivir más allá del pensamiento.  Sin renunciar a él, pero manteniéndolo en su sitio.  También en lo espiritual…  Que nuestro pensamiento sobre Dios, no nos impida vivirlo inmediatamente, que es como quiere relacionarse con nosotros…  De Tú a tú.

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