A menudo se ha acusado a los cristianos de una cierta pasividad y aceptación de la injusticia y de los males del mundo por considerar que es ‘voluntad de Dios’.  Algo parecido sucede con los hindúes y su desvirtuado sistema de castas.  ¿Pero realmente el cristianismo nos exige aceptar lo que venga como voluntad de Dios?

Estoy con Teilhard de Chardin en este tema.  La respuesta es: depende.  No podemos decir ‘es voluntad de Dios’ cuando un mal o desgracia es fruto de nuestra culpa o negligencia.  La voluntad de Dios sólo se alcanza cuando nos implicamos con todas nuestras fuerzas y capacidades, cuando nos encarnamos de verdad en el mundo que nos ha tocado vivir tratando de ser Su rostro y sus manos en la tierra.  Debemos ser la voluntad de Dios en acción, para eso se nos han dado mil capacidades, virtudes y oportunidades.  La Divinidad también debe encarnarse en nosotros y en nuestras vidas o este mundo no tendrá salvación.

Muchas veces,  los males o desgracias que nos suceden no son voluntad de Dios sino la consecuencia de nuestra dejadez, o el fruto de la mala acción de otro.  En esos casos, no culpemos a los dioses sino a los hombres, a nosotros mismos y a los demás.

Pero ni tan siquiera en esos casos desesperemos porque, admirablemente, la Vida es capaz de hacer brotar mil bienes de un mal, hermosas flores del más apestoso estiércol.  Lo hemos visto y vivido mil veces.  Y gracias a Dios que es así, porque de lo contrario estaríamos apañados.

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