Recuerdo que, de adolescente, era un enamorado de los mecheros Zippo.

Me fascinaban esos encendedores de mecha y gasolina que eran capaces de resistir al viento y que nos permitían encendernos el cigarro sin necesidad de tomar mil contorsionistas posturas para protegernos del fuerte aire que apagaba la llama de nuestros mecheros de gas.  Quien lo ha vivido, seguro que no lo ha olvidado…  Los Zippo fueron todo un descubrimiento.

Años más tarde, al dejar de fumar, también los Zippo pasaron al olvido…  Pero hoy, todavía no sé por qué, me han venido de nuevo a la mente: he recordado sus maravillas, pero también he recordado lo importante que era llevar siempre encima una botellita de gasolina para rellenarlos cuando empezaban a flaquear…  Lo cual sucedía a menudo, porque nos pasábamos el día dándole guerra al encendedor.

Sin gasolina, el Zippo no tiraba, no cumplía su función, era vencido por el viento.  Con su gasolina, era imbatible…

Y eso me ha hecho pensar en nosotros, en lo que nos apaga y en la gasolina que nos da fuerza para resistir y hacer frente a las tempestades que nos trae la vida.  ¿Cuál es tu gasolina?  ¿Qué es lo que te mantiene ‘on fire’?

Si no sabes qué es lo que te alimenta y da fuerza, ya puedes empezar a buscarlo.

Si lo tienes identificado, pregúntate: ¿le dedico el tiempo necesario para no flaquear, para dar toda la llama que puedo dar?  ¿O más bien me contento con ser una llamita que a ratos calienta y a ratos se apaga porque se ha levantado algo de viento?

Es importante que nos cuidemos cada día, que nos procuremos la gasolina que necesitamos.  No es egoísmo.  Al contrario: es la única manera de poder regalar a los demás quienes somos, es la única vía de irradiar a quienes nos rodean con una luz y calor que haga prender sus corazones y les anime a buscar su propia gasolina.  Sólo así será posible un mundo luminoso y alegre, un mundo que sea un hogar.

 

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