Que tu bibliografía no aplaste tu biografía
Quienes no podemos vivir sin escribir corremos un riesgo curioso: acabar escribiendo sin vivir. La escritura tiene sentido cuando nos devuelve a la existencia con más profundidad, más atención y algo que poner en práctica.

Quienes sentimos la llamada de la contemplación y la escritura corremos un riesgo curioso: no poder vivir sin escribir y acabar escribiendo sin vivir.
A veces entiendo mi vocación como la tarea de dar forma a algo que todavía no la tiene. Ser canal entre una Fuente que me desborda y las palabras concretas que pueden llegar a un lector. Acercar a la vida de alguien una intuición, una pregunta, un descubrimiento.
Pero también podemos perdernos en nuestras propias expresiones. Dar vueltas a las ideas, enamorarnos de una frase y olvidar la experiencia de la que nació. O la Vida a la que apuntaba.
¡Cuántas veces las bibliografías aplastan bajo su peso a las biografías!
Escribir y vivir: las dos fases de una respiración
Escribir y vivir deberían ser como las dos fases de la respiración: un movimiento que necesita del otro para sostenerse.
Vivimos, nos dejamos afectar por lo que ocurre, guardamos silencio. Y de esa experiencia interiorizada surge una palabra que intenta comprenderla y compartirla.
Después hay que volver a vivir. Llevar lo comprendido a una conversación, a una decisión, a la manera de mirar a quien tenemos delante. La palabra debe hacerse carne.
Podemos escribir páginas preciosas sobre la escucha y seguir interrumpiendo a todo el mundo. Hablar de la serenidad y perder los nervios en cuanto alguien nos lleva la contraria. Tampoco conviene confundir tener una buena frase con haber aprendido a vivirla.
La principal obra que estamos escribiendo es nuestra propia biografía.
La alquimia de la escritura
Ese es el modelo de mi escribir: el proceso alquímico que transforma la materia bruta en oro. Lo digo como imagen de una transformación interior: trabajar con lo que somos, con nuestras experiencias y contradicciones, para que de ahí pueda nacer algo valioso.
Escribir me importa por lo que puede transformar en quien escribe y en quien lee. Por esa posibilidad de comprender un poco mejor, de mirar con más hondura, de crecer como personas.
El tiempo que dedicamos a una página es tiempo de nuestra vida. Un tiempo que pasa y que, con paso constante, también nos acerca al morir. Por eso me parece tan importante preguntarme para qué escribo y qué vida alimentan mis palabras.
Aspiro a que mis libros nos ayuden a vivir mejor. A que en ellos queden retazos del alma y a que, después de leerlos, algo pueda encarnarse fuera del papel.
Que mi bibliografía forme parte de mi biografía. Que la enriquezca. Que no la sustituya.
Ese es el modelo de mi escribir… Y de mi vivir.
